Naturaleza y medio ambiente. Restauración del Cerrado en Brasil es reconocida por ONU

Restauración del Cerrado en Brasil es reconocida por la ONU.

El esfuerzo de la iniciativa Araticum para restaurar El Cerrado, en Brasil, que ocupa más de dos millones de kilómetros cuadrados y que perdió más de la mitad de su vegetación nativa, fue reconocido por la ONU.

«El Cerrado es la sabana tropical con mayor biodiversidad del mundo y desempeña un papel fundamental para el agua, la biodiversidad, la producción de alimentos y la regulación climática», dice a DW Anabele Gomes, coordinadora de Articulação pela Restauração do Cerrado (Araticum) en Brasil.

Araticum fue reconocida oficialmente, junto con otras dos iniciativas de Arabia Saudita y el Sahel, por ser una de las iniciativas de restauración de ecosistemas más ambiciosas y de mayor impacto del mundo. El reconocimiento tuvo lugar en el marco del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas, con un premio impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La ceremonia de entrega del galardón se realizó el 26 de agosto de 2026 en Mongolia.

El Cerrado»ya ha perdido más de la mitad de su vegetación autóctona original», lamenta Gomes, haciendo hincapié en la necesidad de su restauración y recordando el objetivo fijado de 2 millones de hectáreas para 2030. «Es estratégico no solo para el bioma, sino para toda Sudamérica», afirma, subrayando que «restaurar el Cerrado significa recuperar funciones ecológicas esenciales, aumentar la resiliencia de los paisajes y también crear oportunidades económicas y sociales».

Creada en septiembre de 2020, en el Día Nacional del Cerrado, que se celebra cada 11 de septiembre, Araticum «nace para conectar diferentes capacidades y conocimientos, coordinar estratégicamente a actores, supervisar lo que está ocurriendo en el bioma y fomentar la restauración del Cerrado», explica Gomes, presidenta de la Red de Semillas del Cerrado.

Anabele Gomes, coordinadora de Araticum y presidenta de la Red de Semillas, dijo a DW que el hecho de «restaurar a gran escala no significa necesariamente crear una única gran organización o un único gran proyecto».Imagen: Araticum

«El Cerrado es enorme, diverso y socialmente complejo. Ninguna institución sería capaz de restaurarlo por sí sola», asegura. En ese contexto, aunque ya existían instituciones, organizaciones y comunidades trabajando en la restauración del Cerrado, el trabajo se realizaba desde diferentes frentes. Por ello, recalca que Araticum «no se creó para sustituir ni centralizar el trabajo de las organizaciones que ya actuaban en el bioma».

«Al contrario: cada una sigue teniendo su papel, su especialidad y su trayectoria. Algunas generan conocimiento científico, otras trabajan directamente con las comunidades, otras recogen semillas, producen plántulas, desarrollan tecnologías, llevan a cabo la restauración, realizan el seguimiento, prestan asistencia técnica, formulan políticas públicas o se dedican a la financiación», detalla.

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Diversidad de actores con un mismo objetivo

Así, esta red colaborativa reúne actualmente a una diversidad de actores dedicados a la restauración del Cerrado. En ella participan más de 400 personas de unas 180 organizaciones de pueblos indígenas y quilombolas (de afrodescendientes de Brasil), comunidades tradicionales, agricultores familiares, investigadores, organizaciones de la sociedad civil, empresas e instituciones públicas, entre otras.

«El papel de Araticum es ayudar a conectar estas capacidades, crear espacios de intercambio, producir y sistematizar conocimientos, fortalecer a las organizaciones, cartografiar dónde se está llevando a cabo la restauración, identificar carencias y oportunidades, y ayudar a crear las condiciones para que la restauración gane en escala», explica.

«La red ya ha cartografiado unas 27.000 hectáreas en proceso de restauración, repartidas por nueve Estados brasileños», recalca. 

Respecto del reconocimiento de la ONU, señaló: «Este reconocimiento es una oportunidad para ampliar la visibilidad del Cerrado, atraer nuevos socios y recursos, fortalecer las políticas públicas y valorizar a las organizaciones y comunidades que ya están llevando a cabo la restauración y acelerando el camino hacia el objetivo».

Fabricia Santarém, coordinadora de Araticum, recoge en la COP17 de Mongolia el premio con el que la ONU reconoció a esa organización por su labor en el Cerrado. (Agosto de 2026).Imagen: FAO Mongolia

Logros y desafíos

La regeneración natural, la siembra directa, la restauración activa y los sistemas agroforestales con especies autóctonas son algunas de las acciones que se han llevado a cabo en las hectáreas en proceso de restauración. «Ya se han recolectado y utilizado semillas de más de 150 especies autóctonas en estas iniciativas», puntualiza Gomes.

Además de cartografiar hectáreas, la red elabora publicaciones, organiza talleres, reúne a investigadores, restauradores y comunidades, y apoya una restauración que respete las características ecológicas y sociales del Cerrado.

«Contamos con una guía de criterios, un diagnóstico socioambiental de los grupos de recolectores de semillas y una guía para financiadores, todos ellos elaborados de forma colectiva para ayudar a que los proyectos, las políticas públicas, las convocatorias y los financiadores incorporen la participación social, la valorización de los conocimientos locales y la distribución justa de los beneficios de la restauración», dice. De ese modo se aúnan los conocimientos científicos con los saberes tradicionales en diversas áreas como la restauración inclusiva.

A pesar de estos avances, Gomes reconoce que aún quedan retos que enfrentar. «El Cerrado está formado por campos, sabanas y bosques. Restaurarlo no puede significar simplemente plantar árboles. Es necesario comprender sus regímenes de incendios, sus relaciones con el agua y con el suelo, y utilizar técnicas adecuadas a cada situación», argumenta.

Todo ello sin olvidar las dificultades que comportan la financiación a largo plazo, asistencia técnica, disponibilidad de semillas, estructuración de proyectos, seguimiento y acceso de las organizaciones locales a los grandes mecanismos de financiación, entre otras.

«También hay un reto social: garantizar que la expansión de la restauración genere beneficios para quienes ya contribuyen», afirma. «Desde el principio, nuestro objetivo ha sido promover una restauración inclusiva y resiliente. Inclusiva porque entendemos que restaurar no es solo recuperar la vegetación, sino también reconocer los conocimientos, los derechos y el papel de quienes viven y trabajan en esos territorios. Y resiliente porque necesitamos restaurar el Cerrado teniendo en cuenta también los retos que plantea el cambio climático», justifica.

Finalmente, para Gomes, el trabajo en red «que reúne diferentes capacidades y permite que cada actor contribuya desde lo que mejor sabe hacer», puede ser ejemplo de inspiración para otros países de América Latina donde «muchos de nuestros ecosistemas son territorios habitados, productivos y culturalmente diversos».

(cp)

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