«La generación sobria»: por qué cada vez más jóvenes están reemplazando el alcohol por medicamentos para la ansiedad

    • Isabel Shaw Título del autor,Salud Global, BBC
    • Autor,Jacqui Wakefield Título del autor,Salud Global, BBC

Para disfrutar de una noche con amigos, Matt podía beber hasta sentirse mal.

Si no lo hacía, este joven de 22 años del norte de Inglaterra pasaba la noche en silencio, aterrorizado ante la idea de decir algo inapropiado.

Empleado de un almacén, Matt cuenta que sentía que era imposible participar en las conversaciones que, al parecer, todos los demás disfrutaban.

Hace dos años, cambió las cervezas por medicamentos que requieren receta médica y que descubrió a través de las redes sociales.

Mientras se prepara para salir un viernes, Matt (nombre ficticio para proteger su privacidad) toma un medicamento que compra ilegalmente en línea y que generalmente se usa para tratar la epilepsia y el dolor neuropático.

También consume un betabloqueante diseñado para disminuir la taquicardia y relajar los músculos temblorosos (síntomas físicos de la ansiedad).

Dice que le produce los efectos del alcohol, pero sin la resaca.

«La cantidad de alcohol que hay que beber para conseguir los mismos efectos es realmente perjudicial y no sienta bien», dice.Matt explica que las drogas que toma le producen una sensación de «euforia», calman su ansiedad y facilitan la interacción social.

Sin embargo, los expertos advierten que consumir estos fármacos sin supervisión médica y en dosis elevadas puede ser peligroso y, en algunos casos, mortal.

El uso prolongado también puede generar dependencia; quienes los consumen llegan a depender de ellos para cualquier situación social. Además, reportan mayor ansiedad, insomnio e ideas suicidas al intentar dejar de consumirlos.

Para Matt, que dice haber probado la terapia para tratar su ansiedad social, lo que comenzó como una forma de sobrellevar las salidas nocturnas ahora se extiende a citas y reuniones familiares.

Sin los medicamentos, Matt cuenta que hay muchas situaciones sociales que «ni siquiera intentaría».

Matt niega haberse vuelto dependiente de las drogas.

En todo el mundo, la evidencia muestra que los jóvenes recurren a medicamentos y sustancias experimentales como alternativas al alcohol.

Algunos se presentan en forma de pastillas, como la pregabalina y el propranolol, que toma Matt. Otros se inyectan, como los péptidos sintéticos, un tipo de proteína que se está popularizando cada vez más en internet.

Forma parte de un esfuerzo por mitigar la ansiedad social, que parece afectar especialmente a la Generación Z: más de una cuarta parte (28%) de las personas de veintitantos años en Inglaterra reportan altos niveles de ansiedad, según un estudio publicado el año pasado por el University College London.

El estudio halló que las enfermedades mentales graves son mucho más comunes entre los miembros de la Generación Z que entre los millennials cuando tenían esa misma edad.

Esta tendencia está alarmando a los científicos y los lleva a preguntarse por qué algunos jóvenes sienten que solo pueden socializar con ayuda de sustancias químicas.

La «generación sobria»

La búsqueda de alternativas «más saludables» al consumo de alcohol ha contribuido a crear un nuevo mercado para sustancias que se promocionan en las redes sociales como drogas sociales sin resaca.

Se las considera la «alternativa más limpia y segura», señala Liam Knowles, investigador de adicciones de la Universidad de Teesside.

«Los consumidores no se sienten tan mal al día siguiente y, al ser un medicamento, la gente piensa que es más seguro».

Es difícil saber con exactitud cuántos jóvenes consumen medicamentos recetados y péptidos no regulados para socializar, ya que muchos los obtienen sin receta.

Knowles cree que «probablemente hay una cantidad considerable de personas que se están volviendo adictas».

Los hashtags relacionados con los medicamentos generan miles de videos en las redes sociales, donde se anima a los usuarios a crear su propia combinación de medicamentos, conocida en internet como stacking.

El creciente interés por estas sustancias coincide con un alejamiento cada vez mayor del alcohol entre los adultos jóvenes, lo que ha llevado a que la Generación Z reciba el apodo de la «generación sobria».

Los mismos influencers que promocionan los supuestos beneficios de estas combinaciones de sustancias también recomiendan evitar el alcohol.

Una encuesta realizada el año pasado por la organización benéfica Drinkaware reveló que el 26% de los jóvenes de entre 18 y 24 años en Reino Unido no consumían alcohol, en comparación con el 7% en 2012.

Mientras tanto, la profesora Emily Jones, psicóloga del King’s College de Londres, cree que la pandemia de covid puede haber contribuido al aumento de la ansiedad social, especialmente entre los jóvenes.

«El confinamiento, en la práctica, enseñó a todo el mundo a tener miedo a la interacción social», apunta.

Para los jóvenes que buscan experimentar, la pregabalina se ha convertido en un foco de atención particular.

Un estudio publicado en la revista Nature Communications estimó que el consumo mundial de esta droga se cuadruplicó con creces entre 2008 y 2018.

Al mismo tiempo, también se ha producido un fuerte aumento de las muertes relacionadas con la pregabalina.

Los datos de la Oficina de Estadísticas Nacionales muestran que la pregabalina se mencionó en 2.360 certificados de defunción por intoxicaciones relacionadas con drogas en Inglaterra y Gales entre 2020 y 2024, en comparación con 768 entre 2015 y 2019.

Una de esas víctimas mortales fue Alex Cottam, un ingeniero informático de 27 años de Eccles, descrito por su madre, Michelle, como «encantador, inteligente y popular».

Le habían recetado pregabalina para tratar su ansiedad, pero su madre afirma que «se volvió adicto» y empezó a aumentar su suministro comprando la droga en sitios web ilícitos.

«No puedo evitar pensar cada día que la pregabalina mató a mi hijo», le dijo a la BBC en 2024.

Un grupo de jóvenes en un concierto
Pie de foto,Los miembros de la Generación Z están rechazando cada vez más el alcohol.

En Inglaterra, la pregabalina fue reclasificada como medicamento controlado de clase C en 2019; quienes la compran sin receta se enfrentan a una pena de prisión de dos años (aunque en la práctica, muy pocas personas son encarceladas).

Sigue recetándose con frecuencia para la epilepsia, el dolor neuropático y la ansiedad. Los asesores independientes sobre drogas del gobierno británico han iniciado una revisión para analizar su uso indebido.

En Jordania, Ucrania e India, los investigadores también han observado un aumento en el abuso de pregabalina.

En China, el gobierno reforzó los controles sobre el fármaco a principios de este año prohibiendo la mayoría de las ventas en línea y estableciendo límites a la cantidad de fármaco que se puede fabricar en cada provincia.

Stacking en las redes sociales

Matt oyó hablar por primera vez de los medicamentos que ahora toma cuando tenía 20 años.

Fue a través de Braden Peters, más conocido como Clavicular, un influencer controvertido que ha hablado abiertamente en transmisiones en vivo sobre el consumo de estos medicamentos como parte de una combinación para reducir su ansiedad social.

Y estos medicamentos se han convertido en tema de conversación habitual.

Las actrices Rachel Sennott y Kristen Bell se encuentran entre las celebridades que han hablado públicamente sobre el uso de betabloqueadores, junto con la influencer Khloé Kardashian.

La pregabalina, especialmente en dosis superiores a las prescritas, puede provocar una sensación de relajación y felicidad en los usuarios similar a la que se experimenta al estar ebrio.

Estos eran los efectos que buscaba Mei (nombre ficticio), una estudiante universitaria china de 20 años.

Dice que los medicamentos alivian sus síntomas físicos de ansiedad y la hacen sentir eufórica.

Empezó a tomarlos para ir a fiestas. «Era como si pudiera ser la persona más interesante de la sala», comenta.

Y parece que las redes sociales no solo introducen a los jóvenes a estas sustancias, sino que también pueden facilitarles el acceso a ellas.

Nuestra investigación ha descubierto que algunos influencers venden algunos de estos medicamentos en sitios web vinculados a sus perfiles en redes sociales.

Mei afirma que compró el medicamento a través de una plataforma china de redes sociales. «Hay miles de publicaciones que lo venden», comenta.

«No sale gratis»

Además, los medicamentos pueden ser considerablemente más baratos que el alcohol.

Matt dice que gasta menos de US$1 en medicamentos para una sola salida nocturna, un ahorro que describe como una «buena ventaja».

Knowles, el investigador de adicciones, afirma que muchos de los jóvenes que ha conocido consumiendo estas drogas de forma recreativa en Reino Unido están muy preocupados por su salud.

«No quieren las calorías», dice. «Y piensan: ‘Mi médico no me las recetaría si fueran malas para la salud'», añade Knowles.

Esa lógica le resulta convincente a Matt, un asiduo al gimnasio que cree que estos medicamentos tienen un impacto mucho menor en su organismo que el alcohol, especialmente en su hígado y corazón.

«En esta comunidad, la gente cree que la pregabalina es más saludable que el alcohol», expone.

El alcohol se ha relacionado con al menos siete tipos de cáncer, y la Organización Mundial de la Salud advirtió hace unos años que cualquier cantidad de alcohol consumida supone un peligro.

El profesor David Nutt, neuropsicofarmacólogo del Imperial College de Londres que lleva mucho tiempo abogando por leyes más laxas en materia de drogas, sostiene que los fármacos que consume Matt pueden ser menos dañinos que la ingesta excesiva de alcohol, aunque conlleven sus propios riesgos.

Dos mujeres jóvenes están sentadas a una mesa usando sus teléfonos.
Pie de foto,Los adultos jóvenes parecen verse afectados de manera particularmente aguda por la ansiedad.

«El propranolol y la pregabalina son sin duda más seguros que el alcohol, pero no son completamente seguros», precisa.

Y agrega que la situación cambia cuando se usa pregabalina en grandes dosis para intoxicarse (como Matt dice estar haciendo).

«Si la usan como una especie de intoxicante para emborracharse, entonces corren el riesgo de volverse dependientes», sostiene. «En ese sentido, no es gratis».

El propranolol también conlleva riesgos.

Si bien generalmente se considera seguro cuando se toma según lo prescrito, su uso inadecuado o en dosis altas puede causar mareos, desmayos y una disminución peligrosa de la frecuencia cardíaca.

Los riesgos pueden ser mayores cuando los medicamentos provienen de fuentes no reguladas.

«Siempre existe el peligro de adquirir medicamentos que no cumplen con los estándares médicos», advierte Nutt.

Peligros de la adicción

Jones, la psicóloga del King’s College, sostiene que comparar los daños físicos de estas drogas con los del alcohol conlleva el riesgo de pasar por alto una cuestión más fundamental: ¿qué ocurre cuando la gente empieza a creer que solo puede socializar con ayuda química?

«El alcohol en grandes cantidades es peligroso, pero también lo es tomar medicamentos con demasiada frecuencia sin la supervisión de un médico», afirma.

Le preocupa especialmente que usar medicamentos para evitar la ansiedad pueda reforzar la creencia de que las situaciones sociales cotidianas dan miedo.

Lo que empieza como una pastilla antes de una fiesta puede extenderse gradualmente a citas, reuniones de trabajo y la vida diaria, indica.

«Pierdes la fe en tu propia capacidad para afrontar las cosas con eficacia».

Lo que para Mei empezó como una dosis para tomar antes de salir de fiesta, pronto se extendió a exámenes, discursos y debates.

Con el tiempo, cuenta, empezó a tomar las drogas a diario. «Ahora no puedo salir de casa sin ellas».

Sofía, una empleada de atención al cliente de Ucrania, siguió un camino similar: al principio tomaba pregabalina antes de fiestas y eventos sociales, pero pronto empezó a usarla en el trabajo.

«Me ayudó», dice. «Trabajo con gente. Me facilitó la comunicación y la resolución de problemas».

Cuando no pudo acceder al medicamento durante dos semanas, cuenta que sufrió episodios depresivos y pensamientos suicidas.

«No entendía qué me pasaba. Tenía ansiedad, no podía comer, no podía ver a mis amigos».

Knowles dice que los consumidores más jóvenes a menudo no reconocen su propia dependencia de las drogas si, en general, funcionan bien (mantienen un trabajo o una relación).

En cambio, asocian la adicción únicamente con personas cuyas vidas se han desmoronado visiblemente.

Drogas del mercado negro

Mientras China, India y otros países toman medidas enérgicas contra estos medicamentos, algunos argumentan que restringir aún más el acceso podría crear otros peligros.

Mykyta Lapin, epidemióloga y directora de la organización ucraniana de reducción de daños Mind Games, considera que prohibir sustancias no necesariamente impide que la gente las consuma.

«Prohibir ciertas sustancias simplemente lleva a que la gente recurra al mercado negro y compre drogas de dudosa calidad», explica, con el consiguiente riesgo de sobredosis.

Knowles señala que la pregabalina ilícita conlleva un riesgo adicional porque los usuarios pueden no saber exactamente qué están tomando.

«Si compras una bebida alcohólica en una tienda en la que se indica la cantidad de unidades de alcohol que contiene y su porcentaje, entonces eso es lo que es».

Añadió que no siempre existe la misma certeza con la pregabalina comprada por internet. «Ese es un riesgo adicional que no viene con una botella de licor».

Matt, a pesar de consumir los fármacos principalmente para socializar, sigue convencido de que está tomando la decisión más saludable.

«Cuando comparo la mejora en mi calidad de vida con lo que considero un impacto mínimo en mi salud, la disyuntiva es muy clara», defiende.

«Para mí, es un intercambio que vale la pena».

El hábito ilegal de Matt sigue siendo fuertemente desaconsejado por la mayoría de los médicos.

fuente BBC

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