Abelardo de la Espriella, el presidente de Colombia durante los próximos cuatro años, admite ser un sibarita.
Un dandi con acento caribeño al que le gusta la buena mesa, que pasa temporadas en Florencia y Miami, vende vinos de la Toscana y corbatas de seda italianas, usa relojes de lujo y conduce autos de potencia extravagante.
«Lo conozco y no vive de manera modesta; tiene un tren de vida que requiere recursos fuertes», describe el periodista Ángel Becassino, quien investigó la biografía del ganador de las elecciones colombianas.
La fortuna de De la Espriella, un empresario conservador de mano dura alineado con las derechas de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei en América, fue tema central de su campaña.
Este abogado se vende como un magnate exitoso que financió su carrera presidencial con sus ganancias y créditos.
Abelardo de la Espriella, el presidente de Colombia durante los próximos cuatro años, admite ser un sibarita.
Un dandi con acento caribeño al que le gusta la buena mesa, que pasa temporadas en Florencia y Miami, vende vinos de la Toscana y corbatas de seda italianas, usa relojes de lujo y conduce autos de potencia extravagante.
«Lo conozco y no vive de manera modesta; tiene un tren de vida que requiere recursos fuertes», describe el periodista Ángel Becassino, quien investigó la biografía del ganador de las elecciones colombianas.
La fortuna de De la Espriella, un empresario conservador de mano dura alineado con las derechas de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei en América, fue tema central de su campaña.
En eso se basó para defender su condición de ‘outsider’, lo que según él le permitirá gobernar con independencia de los poderes tradicionales del país.
Pero sus ingresos son también cuestionados.
Críticos y rivales políticos debaten los vínculos de De la Espriella con clientes ligados al paramilitarismo y casos de corrupción.




