A la falta de los ‘sobres dobles’, 450.000 papeletas de diplomáticos, policías y militares, el actual ‘premier’ pierde la mayoría en la Knésset y la posibilidad de formar Gobierno con sus aliados ultraortodoxos y ultranacionalistas. El bloque de Gadi Eisenkot se queda lejos de los 61 escaños necesarios
Sal EmerguiTel Aviv Actualizado Miércoles, 28 octubre 2026 – 18:51
Tras unas elecciones en las que las sonrisas de los líderes están más motivadas por las lágrimas de sus rivales que por haber cumplido sus propios objetivos, Israel regresa al estancamiento político que reinó durante cuatro años antes del Gobierno de Naftali Bennett y Yair Lapid (2021-2022) y de Benjamín Netanyahu (2023-2026). Y con el bloqueo y el pánico a nuevas elecciones, vuelven las voces a favor de un Gobierno de unidad.
A la falta del recuento de los sobres dobles (alrededor 450.000 papeletas de diplomáticos, policías y militares), Netanyahu ha perdido la mayoría en la Knésset y la posibilidad de formar Gobierno con sus aliados ultraortodoxos y ultranacionalistas, pero celebra que el bloque de Gadi Eisenkot quedase más lejos de lo previsto de los 61 del total de los 120 escaños. Es más, su partido (26 escaños) y su bloque (53) lograron más apoyos, lo que se puede considerar un éxito debido a la movilización y la excelente organización electoral del campo anti-Bibi y sus temores ante el enfado por el fracaso del ataque del 7 de octubre del 2023 y su decisión de no asumir la responsabilidad ni crear una comisión de investigación.
Entre Bibi y Eisenkot, surge un tercer bloque con una fuerza inédita. Los dos partidos árabes ofrecen sus 19 escaños al ex general para que forme Gobierno. Pero costará mucho que la clara mayoría en la Knésset contra Netanyahu (67 frente 53) se traduzca en mayoría para gobernar.
¿Y ahora qué? Se preguntan este miércoles con resignación los israelíes que acudieron en masa a los colegios electorales precisamente para lograr un Gobierno claro y sin pactos con el rival. La respuesta se encuentra en tres grandes escenarios.
Primer escenario
La primera posibilidad, deseada sobre todo por la Administración Trump, uniría a Netanyahu y Eisenkot en un Gobierno de unidad rompiendo así sus respectivas promesas electorales. El ministro ultraderechista Itamar Ben Gvir estaría en la oposición junto a algunos aliados de Eisenkot. No es fácil, ya que aunque evitaría repetición de elecciones, supone acuerdos en asuntos en discordia como la creación de una comisión de investigación del 7-0 y la exención militar de los ultraortodoxos. En este caso, Netanyahu debería renunciar a su vieja y sólida alianza con una parte de su bloque, mientras Eisenkot sería criticado por muchos de los que le votaron recordando el caso de Benny Gantz en 2002. Entonces, Netanyahu incumplió la parte del acuerdo de rotación.
Más allá de Donald Trump, el presidente Isaac Herzog podría alentar esta opción. Por su cargo, se trata de una figura importante en el proceso de la formación de Gobierno al recibir a los representantes de cada partido y escuchar su recomendación sobre quién debe intentarlo primero. Este miércoles ya ha pedido que vengan «con la mente abierta». «Una cosa debe quedar clara, ya lo dije antes de los comicios, debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos, especialmente tras lo ocurrido ayer, para evitar otra ronda electoral», ha afirmado Herzog.
Segundo escenario
El segundo escenario es un Gobierno formado por Eisenkot con los dos partidos árabes. En las últimas semanas y ante la campaña electoral de Netanyahu («Derecha o Palestina»), el ex jefe del Estado Mayor dijo que no pactaría con partidos no sionistas (alusión a las formaciones árabes y ultraortodoxas judías). Solo aquellos que cumplan cuatro condiciones: comisión de investigación del 7-0, ley para que reclutamiento militar o servicio civil alternativa, adoptar los valores de la declaración de Independencia sobre Israel como Estado judío y democrático y definir a Hamas como grupo terrorista que hay que desmantelar. Por si acaso, Eisenkot se aproxima y tantea a los partidos árabes, Netanyahu avisó contra un pacto con ellos que en su opinión «apoyan el terror y la destrucción del Estado judío». El Likud ha elevado el tono de al denunciar falsificaciones, amenazas y fraudes de los partidos árabes en la jornada electoral: «Las elecciones en Israel fueron robadas por partidos árabes», escribió el partido en X.
Tercer escenario
El tercer escenario es el preferido por el primer ministro más longevo en la historia de Israel, siempre y cuando Eisenkot no acepte entrar en su Gobierno como ministro de Defensa y sin rotación en la jefatura: seguir en el poder hasta las nuevas elecciones a las que además llegaría mejor que ahora. Por un lado, intentará evitar que pequeños grupos en el sector derechista y ultraortodoxo no se presenten, como el pasado martes, cuando desperdiciaron decenas de miles de votos. Por otro lado, el bloque de Eisenkot y el sector árabe -que llegaron muy motivados- podrían tener igual o peor resultado. Es difícil describir la sensación de decepción de muchos israelíes contrarios a Netanyahu que en los sondeos de los últimos días, en las colas del martes por la mañana y ante la televisión por la noche con las primeras encuestas a pie de urna daban por hecho un nuevo Gobierno sin su némesis.
Esta decepción es una fuente de la satisfacción para el primer ministro. Pese a que desde los comicios del 2022 el Likud ha pasado de 32 escaños a 26 y su bloque de 64 (ampliados a 68 en el último año) a 53, Netanyahu puede sonreír porque el panorama que se le avecinaba era realmente sombrío. ¿El 7-O? Muchos de sus seguidores creen que la responsabilidad fue sobre todo de los altos mandos de seguridad y destacan los golpes posteriores al eje liderado por Irán. Sin olvidar el éxito de la agresiva y efectiva campaña electoral de Netanyahu que sabe tocar las fibras sensibles y los temores ocultos de los suyos.
Sin olvidar el ‘factor Irán’
Hay un factor que puede trastocar el tablero político israelí: Irán. La posibilidad de una nueva guerra, quizá en unas semanas, está ya presente. Por si había dudas, solo hay que rescatar un segmento del discurso de Netanyahu en una madrugada netamente política. «Hemos alejado la amenaza existencial iraní, el riesgo de una destrucción inmediata. Hemos golpeado al régimen iraní. Irán está más débil que nunca e Israel más fuerte que nunca», declaró antes de avisar: «Amigos, os digo que aún no ha acabado porque mientras continúe el fanático régimen que definió nuestra destrucción como punto esencial de su existencia, seguirá intentando eliminarnos. Junto a nuestro gran amigo, el presidente Trump, debemos acabar de una vez por todas con esta amenaza«.
«Netanyahu es un primer ministro en transición y sin mandato (…) No uses la seguridad de Israel para tus necesidades políticas«, le dijo Eisenkot en su discurso con tono victorioso por la noche antes de que el recuento le devolviera a la compleja realidad que le golpeó con más dureza a él que a su rival.
La incertidumbre, que vuelve a Israel, provocó este miércoles caídas en la Bolsa de Tel Aviv. En esta ciudad, el bloque anti-Netanyahu ganó otra vez en las urnas. Una vez más, se despertó lamentando que no fue suficiente.




