Un estudio publicado en la revista Nature Food en 2022 alertó que una explosión nuclear causaría una hambruna mundial, con riesgo de matar a más de 5000 millones de personas.
La escala bélica que registra Medio Oriente luego de la operación conjunta librada el fin de semana entre Estados Unidos e Israel contra la cúpula de poder del régimen iraní, volvió a poner en foco los efectos catastróficos que podrían impactar en la población mundial ante el uso de armas nucleares.
Según indicó el presidente norteamericano, Donald Trump, la decisión de lanzar la ofensiva militar se basó en informes de inteligencia que detectaron un programa secreto de enriquecimiento de uranio en un sitio previamente desconocido. En una entrevista exclusiva con el New York Post, el mandatario afirmó que la República Islámica intentaba desarrollar armamento atómico de manera subrepticia, lo que precipitó el inicio de la Operación “Epic Fury” (Furia Épica, en español).
“Querían fabricar un arma nuclear, así que los destruimos completamente”, enfatizó el republicano. Misma postura replicó Benjamin Netanyahu, al advertir que «Teherán representa amenazas existenciales para Israel».
En paralelo, las tensiones entre Rusia y Europa se mantienen intactas. Francia anunció el aumento en el número de ojivas nucleares y la construcción de un nuevo submarino nuclear capaz de lanzar misiles atómicos, que bautizará como «El invencible» y será botado en 2036.
«Si tuviéramos que utilizar el arma nuclear, ningún Estado se salvaría. Cada uno de nuestros submarinos tiene una potencia equivalente a todas las bombas que cayeron sobre Europa en la Segunda Guerra Mundial, mil veces superior a las primeras bombas atómicas», sentenció el presidente galo, Emmanuel Macron.
Previo a este escenario, el 27 de enero pasado, el Reloj del Juicio Final se fijó a 85 segundos de la medianoche, el tiempo más cercano en toda su historia. Desde el Boletín de la Junta de Ciencia y Seguridad de los Científicos Atómicos (SASB) exigieron adoptar medidas urgentes para limitar los arsenales nucleares, además de crear directrices internacionales sobre el uso de la IA y firmar acuerdos multilaterales para abordar las amenazas biológicas globales, tópicos que parecen lejos de concretarse.
¿Cuáles serían las consecuencias de una guerra nuclear a escala global y qué países podrían salvarse?
Un estudio publicado en la revista Nature Food en 2022 alertó que una explosión nuclear causaría una hambruna mundial, con riesgo de matar a más de 5.000 millones de personas, como consecuencia del hollín que bloquearía la luz solar, alteraría los sistemas climáticos y limitaría la producción de alimentos.
El análisis, liderado por la científica climática de la Universidad de Rutgers, Lili Xia, advierte que incluso un conflicto relativamente pequeño sería devastador.

“Una guerra nuclear de una semana de duración con cerca de 100 armas y la liberación de 5 Tg (unos 5.000 millones de kilos) de hollín mataría directamente a 27 millones de personas”, señalaron los investigadores. El estudio indicó, además, que tras dos años, con el comercio internacional paralizado y una caída de la temperatura de 1,6 °C, la hambruna mataría a 255 millones de personas, suponiendo que el resto de la población recibiera el mínimo de alimentos necesario para sobrevivir, unas 1.999 calorías per cápita al día.
En otro escenario más amplio examinado, una guerra de una semana con 4.400 armas y 150 Tg (o 150.600 millones de kilos) de hollín (como la que podría producirse entre Estados Unidos, sus aliados y Rusia) causaría la muerte directa de 360 millones de personas y más de 5.000 millones de muertes por inanición.
Los investigadores advirtieron en su artículo que, aunque menores cantidades de hollín inyectadas en la estratosfera generarían impactos globales menos severos, una vez que comienza una guerra nuclear puede resultar muy difícil limitar la escalada.
Al detenerse en las zonas de influencia y mayor impacto, el informe precisó que “no todas las naciones del mundo correrían el mismo destino”. En el escenario de guerra nuclear más pequeño estudiado, los investigadores descubrieron que Oriente Medio, partes de Centroamérica y de Asia sufrirían privaciones alimentarias, llegando incluso a la hambruna, mientras que la mayor parte del resto del mundo mantendría una ingesta normal.
En la situación más extrema analizada, todos los países, excepto Australia, Argentina, Uruguay, Omán, Brasil, Paraguay y algunos otros, sufrirían hambrunas masivas.

Los hallazgos son el resultado de analizar diversos escenarios. Los científicos evaluaron si las personas continuarían criando animales o si, en su lugar, utilizarían los cultivos restantes para alimentar directamente a la población. También asumieron que los cultivos destinados a biocombustibles se reutilizarían para el consumo humano, que se reduciría el desperdicio de alimentos y que el comercio mundial se detendría mientras las naciones intentaran preservar sus propios recursos.
fuentes revista Nature Food
fuente extraido de ELObservador




